Dimes y diretes…
Elida Fernández
Entre nos… les voy a contar algo que me contó un amigo, gran sabedor y amante de la historia, y también de los pequeños recovecos que hacen “la entre-casa” de esa historia. Bueno, una tarde, entre charla y charla, casi sin darnos cuenta nos metimos en la intimidad de Love Jones Parry, el Barón de Madryn. Ese día me contó algo que había sido muy comentado en su época, un poco en voz baja, como se cuentan esas cosas que van rodando de boca en boca, y como no las cuenta el dueño nadie se anima a ponerle autoría, pero ahí están y son como “la salsa de la vida”. Uno nunca termina de saber si es del todo cierta o si en ella hay algo de leyenda, pero bueno, ahí va. Resulta que este Barón de Madryn, tal vez en honor a su primer nombre, “Love”, que quiere decir “amor” en inglés, o tal vez por esas cosas de la vida, era muy sensible a la belleza de las mujeres, y cuando alguna de ellas lo deslumbraba, el la seguía por donde fuere… y así fue que un día siguió a una bella dama, pero la bella era casada, y mientras él la seguía a ella, el marido lo empezó a seguir a él. La cuestión que a Sir Love no le quedó otra más que salir corriendo y al saltar una ventana, cayó y se quebró una pierna. La medicina de la época no estuvo a la altura de las circunstancias y finalmente tuvieron que amputársela. Cuentan que Sir Love estaba muy triste, tener que despedirse inesperadamente de esa pierna que lo había llevado a tantos lugares! Entonces decidió despedirla como se despide a un amigo, y organizó un funeral a su medida, mandó invitaciones, y ese día el cortejo, encolumnado detrás de él acompañaron a la pierna hasta su última morada. Es posible que Sir Love haya sentido que le rindió un buen homenaje…
Un año después, también moría él, y a su pedido fue enterrado en el mismo lugar donde yacía su pierna. Juntos nuevamente, tal vez para seguir andando las bellezas de la eternidad.